miércoles, 30 de marzo de 2011

Síndrome de abstinencia

Eres mi droga; lo admito. Por fin me ha quedado claro. Y, cómo no, te tenía que haber encontrado en ese país donde en todas partes se venden flores. Me haces volar. Me elevas del suelo para caminar por las nubes. Haces que me estallen los pulmones de tanto reír y consigues que se me dilaten las pupilas por el exceso de endorfinas. Me excitas, me alteras, me calmas, me nervas, me exaltas, me enganchas, me pierdes; me pierdo…

Me pierdo y me vuelvo adicta. Inconsciente, te busco. Fuerzo, sin querer, el encuentro. Poco a poco, simplemente me lo pide el cuerpo. Al principio me basta con un poco, después necesito incrementar la dosis…Al final, tengo dependencia. Paso de simples juegos de niños a historias de verdad. Me involucro, me mancho, me meto hasta el fondo y caigo en el pozo. No hay marcha atrás, ya no sé salir. Ya eres mi amiga, ya eres mi droga.

Te necesito cada día, siento (y sé) que no puedo vivir sin ti. Tras una época de abstinencia mis ojos te buscan para clavarte en mi punto de mira. Quiero disfrutar de esa sonrisa, de ese gesto, de esa mueca.

Pequeña, no imaginas cuántas veces he mirado esos labios serios, pequeños, callados (aunque sinceros) que simplemente no tenían nada qué decir porque tus ojos me lo decían todo.

No imaginas qué cantidad de energía me transmitías cada vez que sonreías de medio lado justo antes de soltar una enorme carcajada. Enorme, porque de tu corazón no puede salir nada más pequeño, chocho.

Chochín, non chegas a imaxinar os centos de contos que a túa cara me debuxa cada íntre no que falas. Os teus mil e máis un sorrisos dende eses tan riquiños, ata os máis pícaros, mestúranse coas túas miradas de luar (en troques sinceras, ás veces despistadas)e todo pra dicirme sen retranca o incríblemente incrible que es.

Niñas, sois mi droga. Aunque he estado intentando desengancharme, cada pequeña dosis vuestra que me llega (bien venga en forma de llamada, bien sea una foto, una señal o un recuerdo) me hace volver a tener ganas de vosotras. He vivido alimentando a mi resignación, pero poco a poco el mono me está consumiendo y, simplemente, me he dicho: ¿por qué me voy a negar a una droga que sólo tiene efectos positivos? Quiero veros, y quiero veros ya. Sólo me queda decir:

Madrid, 11 de julio de 2010

No hay comentarios:

Publicar un comentario