miércoles, 30 de marzo de 2011

Estancada


Cuantas más noches salgo, cuantas más copas bebo, cuanto más se me nubla la vista más claro te veo entre las sombras, más veo lo mucho que te echo de menos. Cierro los ojos y te veo, pero peor aún es cuando los abro y sigues ahí.

Estás donde menos te imaginas, en esa chica bajita o en esa risa absurda, estás en un comentario estúpido o en el más ingenioso; pero, sobre todo, estas en el silencio. Estás en las cosas que no se dicen, los chistes que no se entienden o en los que me acabo callando.

En resumen, estás pero no estás. Estás porque te llevo conmigo a todas partes, como a un amigo imaginario al que le hablo aunque no me conteste. Por más que quisiera explicarte lo que me importas nunca llegarías a saberlo sin pasar un día entero en mi cabeza. Te invito a que me saques de paseo contigo, y así cuando nos volvamos a encontrar tendremos mucho de que hablar. Entenderás por fin el porqué de aquel silencio o aquella sonrisa, sabrás de una vez que el “porqué” eres siempre tú.

Eres lo que hace que mi mundo gire y que tenga algún sentido tachar días en el calendario, eres lo que me empuja a seguir adelante, lo que aviva la llama de la curiosidad del querer saber qué va a ocurrir mañana. Has construído mi pasado y me ayudas cada día a inventar un futuro. Eres mi creatividad, mi vía de escape, el argumento de mi historia. Eres lo último en lo que pienso antes de irme a dormir.

Hasta mañana.

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