miércoles, 30 de marzo de 2011

El día que la 60-3 se fue de alta

Como diría Pimpinela, hace tres meses y un día que duermo entre sábanas del Sergas; no son de raso ni de seda, pero al menos las ponen cada día limpias para mí. Calculo que alrededor del primer mes había dejado de ser la 60-3 para convertirme en Bea (Betucha pa´ los amigos).

Entré por la puerta con los huesos a flor de piel. Sin pedirlo me gané (a pulso) la pulsera de “todo incluido”. Con tubos y cables conseguí algunas extremidades extra, pero me faltaba la sangre suficiente para articularlas todas, así que la pedí prestada. Gracias, prometo sacarle el partido que se merece.

Entre tanto, me bajaba la tensión, me subía la bilirrubina, aumentaban mis pulsaciones, me subía la fiebre… Me crecía la angustia y la desesperación al volver a la casilla de salida y me alimentaba de paciencia y buena compañía para mantener el peso. El bufé era fabuloso, más de veinte tipos de variedades a la carta donde elegir, a los que se me ocurre, les podría dar las gracias:

A. López Saco, L. Pérez. No hizo falta estudiar medicina para descifrar el mensaje que pasó por sus cabezas el primer día que le echaron un vistazo a mi barriga llena de entradas y salidas. Probablemente “coooñó” fue de los más sonados.

Poco a poco empezamos a llevarnos bien, ellos hacían y yo me dejaba hacer. Hasta que llegado un día se empeñaron en practicar conmigo un divertido juego llamado “reintroducir el penrose”. Ellos insistían en que yo saldría ganando, aunque a mí no acabara de convencerme. Pero, finalmente, les doy las gracias por mi victoria. La verdad es que López Saco es un Ángel.

Mari. SuperMari (Boss). La jefa, la supervisora, la más apañá. Tanto te saca sangre como te coloca una sonda, te puede hacer la cama, envolverte el brazo en una bolsa de plástico y hasta te regala el más reparador de los abrazos si lo considera necesario. Vamos que, como diría Loli, “lo mismo te plancha un huevo que te fríe una camisa”.

Al igual que estoy convencida de que es de las que se llevan el trabajo a casa (o a la piscina, según cuadre) y que piensa en esto y lo otro (porque ella siempre piensa en todo) también sé de sobra que solo con verla desprende felicidad y que, encima, la comparte con los que tiene alrededor. No es que sea generosa, es que le sale solo. No lo puede evitar. Pongo la mano en el fuego porque cualquier mañana de estas una de mis venas se despertará y me preguntará por ella. Al fin y al cabo…es mucha la sangre que me ha chupado.

Sole. Parece que llamarse Sole y pasar de los 40 es una sentencia de muerte para aparentar malhumorada y ser capaz de soltar una colleja cual resorte de alambre al primero que píe más alto de la cuenta. Pero tras esa “cara dura” (no confundir con caradura), e igual que en 7 vidas, solo puedo decir que Sole es un solete.

De la misma escuela (la vieja escuela) tenemos a Fina. Por ser la más veterana es también la más sabia. Tiene lengua de trapo y corazón de melón con jamón (que es lo que a mí más me gusta). Las agujas que más me duelen son las que me lanza ella, lo bueno es que no llevan veneno, es todo placentero placebo.

Cris (Responde también al nombre de Patricia) al igual que Sole y que la Luna, tiene una cara oculta. Aunque olvide tu nombre y te recuerde a diario que tomas “leche de burra”, lo hace desde el cariño, ¡o eso me gustaría creer! En realidad, si tienes paciencia y tiempo libre (como ha sido mi caso) descubres que además de algo roja, Cris es una gran persona.

Dr. Camilla, digo, Cadilla. El Richard Gere de digestivo que a más de una vuelve loca. No sé si darle las gracias o pedirle que sea él quien me las dé por haberle tenido tan entretenido estos últimos meses. ¡De retos está hecha la vida! No obstante, me veo más que obligada a agradecerle el trato, tanto profesional como personal. ¡Chapó!

Dra. Rodríguez, (“non me chames Dolores, chámame Lola”). Que sepas que non se me esquece que temos unha festa rachada pendente! Graciñas Lola, espero que non me teñas que aturar ata dentro de a lo menos, unha boa morea de anos.

Isa. Siempre tiene algo que decir; y además te lo dice en forma de palabras escupidas a 100ml/h (para que no pite la máquina). Parece que lleva colocado un contador de “hacer las cosas bien” que cada mañana, tarde o noche pone a cero. Exigente, perfeccionista, minuciosa... ¡No es un pájaro, ni un avión, es La Graña (de España)!

Creo que no son muchos aquellos que destacan por ser excelentes personas además de brillantes profesionales. Si ya es difícil hacer bien tu trabajo, más aún lo es tener tiempo para caer en gracia. No sé cómo lo ha hecho, pero Isa lo ha logrado. Algún día le pediré una receta de su fórmula mágica que aseguro tomar sin leer el prospecto.

Es fantástico ver que por aquí a pocos se les ha escapado lo gran persona que eres.

Gloria. Muchas veces me he preguntado quien habla más rápido, si Isa o Gloria, y la verdad es que lo he tenido que dejar en un empate. Es difícil expresar con palabras lo mucho que se agradece que te encuentres cada día con alguien que siempre tiene algo que decir.

Mari-Té. Tengo una tremenda curiosidad por saber cómo será despertarse sin los gritos (o ladridos, según el día) de Mari-Té. La verdad, puede que hasta lo acabe echando de menos y tenga que encender la radio a 200 decibelios para espabilarme.

Es una pena despedirse de todos los cotilleos que se cuecen en la República Independiente de Digestivo, pero más pena me da decirle adiós a quien mejor los hace circular. Nos vemos en el Facebook (ojos que no ven, Facebook que te lo cuenta).

Por cierto, Los Reyes no son los padres, son Mari-Té.

Maribel. Sería capaz de jugarme los dos pulgares en un todo o nada y apostar que Maribel no se ha perdido una fiesta! No sé si me equivoco o no, pero está claro que es una cachonda mental (y además lo sabe disimular; más difícil todavía) Desde que me contó la historia del concierto de Mike Oldfield, se evaporaron todas mis dudas.

Tere-Ló. Sole dice que de mayor quiere ser como Laura Valenzuela, pues yo de mayor quiero ser como Tere-Ló. No sé que extraña reacción química forman las sustancias en su cuerpo, pero desde luego es extraordinaria, fuera de la norma. A veces dudo de si se trata de una falta de riego en el cerebro, porque tanta locura transitoria, bien se podría volver crónica, luego me doy cuenta de que además de ganarle el pulso a la demencia, la maneja a su antojo cual ventrílocuo a su muñeco. La locura no la posee a ella, ella posee a la locura. Si hubiera más personas como Tere en el mundo, además de ser un mundo de locos, sería un mundo cojonudo.

Es soberbia en las artes del diálogo. La ironía parece ser hecha de su talla y le sienta como un guante, como anillo al dedo. Se mueve con ella igual de bien que con zapatos de tacón y lleva a su terreno a quien quiere, cuando quiere. Me quito el sombrero ante tal desfile de habilidades.

Nieves. Así como Obélix se cayó en el barril de la pócima mágica de Panorámix, Nieves debió caer sobre un barril de azúcar, porque es imposible que tanta dulzura sea 100% natural. Ha reinventado el lenguaje con sonrisas y me atrevería a decir que incluso huele a algodón de azúcar.

Yo, por mi parte, ya me he puesto a la cola para el sorteo de madre de mi próxima vida. ¡Quiero que me toque Nieves!

Ángeles. Ave nocturna, la mayoría de las veces le toca sobrevolar la planta cuando, se supone, los demás dormimos. Se mueve como pez en el agua a la hora de buscar un pijama de tu talla y no dudes que removerá cielo y tierra para conseguir uno que te siente como los ángeles.

Patri. Parece que me ha leído como a un libro abierto en estos meses. Le bastaba mirarme a la cara para conocer mi estado de ánimo. Con esto no sé si se nace o se hace, pero desde luego, los diagnósticos de Patri nunca han fallado.

Ángela ¿Dónde guardas la máquina de dar cariño?¡ Porque tiene que ser imposible que te salga todo de dentro! Descúbreme cuál es la marca de pilas que te enchufas al cuerpo, porque es inviable venir siempre cargada de tanta energía.

Loli. (Más guapa y más joven que yo). Bueno, ha llegado el momento de confesaros que sí, es verdad, somos familia. El problema es que nos avergonzamos la una de la otra, sentimos una tirria y repulsión mutuas, y no queríamos admitir lo evidente. Ante tal innegable afirmación, y visto el fracaso de nuestro encubrimiento, he decidido revelar el secreto y gritarlo a viva voz aquí en esta carta, no habiendo sido posible hacerlo en el programa de Ana Rosa como realmente nos gustaría.

Ahora en serio, aunque seas la tía más borde y picajosa de digestivo, no sé que tengo que debo estar acostumbrada a lo desagradable y al final hasta te he cogido cariño a ti también. A ti y a tu perfume, no sabes lo que se agradece (especialmente en esta planta) cuando entras en la 60 enfrascada en tu perfume eliminas el olor a enfermo de la habitación.

¡No tienes que volver a soñar con mi vía, ahora tus pesadillas serán el encontrarme por la calle!

Bego. Todavía recuerdo cuando crucé el pasillo en una cama flotante y Bego me daba la bienvenida desde el control. Me compadecía anticipándose a mi decepción por el cambio de planta a la vez que me alentaba vendiéndome “la suite” de la mejor de las maneras posibles.

Ahora, tres meses después, no veo a una enfermera detrás de un mostrador, veo a Bego. Conozco sus dos apellidos; la edad que tiene; su estado civil; el título de su libro favorito. Sé que aunque tenga un gato, en realidad le gustan los perros; que es perfeccionista, inconformista, que odia las injusticias y que no soporta a la gente que “va en primera”.

Tengo que decirlo, las mañanas no serán lo mismo sin ti. Se perderá el momento del cotilleo a la hora de hacerme las curas donde la dosis de Betadine era directamente proporcional al buen rollo.

Y a todos aquellos que me habéis tenido que aguantar en estos tres meses: Flor, Aurora, Sefi y Nieves (gine), la otra Isa, Mariela, Yolanda, Granizo, Santos, el chico de las bandejas, y al pobre médico que estuvo de guardia en nochevieja…. ¡Gracias!




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