martes, 12 de abril de 2011

¡Qué fantástica-fantástica esta fiesta!


He perdido a mis musas. Se han marchado, algunas por tierra, otras por aire, ninguna por mar, pero aunque haya sido un paquete Express han dejado mi pedido. Y…

Ha vuelto, después de mucho tiempo ha vuelto. A ver cómo lo explico. Es la fuerza que te lleva, que te empuja y que te llena; es algo que te lía, una descarga de energía… ¡ah, no, espera…que ese es Alejandro Sanz!  De lo que yo hablo es de una fuerza parecida o, más bien, contraria a la gravedad que hace despegarse del suelo al globo de helio que llevo entre pecho y espalda. Ese globo que pocas veces coge altura, pero que nunca toca techo. Es la ilusión de cada día… y no me refiero a la lotería. Más bien hablo de ese “noséqué” que te quita el sueño a deshoras, que te hace mantener la curiosidad de saber cómo será mañana o que te abalanza precipitado, bolígrafo en mano, sobre un trozo de papel. Y no, no es la fuerza del corazón.

Hace ya tiempo que no consigo abrir los ojos a golpe de despertador. Primer intento… “Strike uno”, segundo intento… “strike dos”, tercer intento: “strike tres”. Debe ser que he perdido el interés, he llegado al punto de prescindir de saber qué habrá ahí cuando despegue los párpados. No hay nada cautivador ni sugestivo en mi rutina. Mi actitud pusilánime no ayuda y clava el ancla en el suelo impidiendo que despegue mi globo. Realmente pienso que sería ideal empezar a tirar sacos de arena desde la cabina para quitarme algún que otro peso de encima porque noto que me quedo sin gas. Vuelo lejos del sol; vuelo sin rumbo, vuelo sin helio, vuelo sin Helios.

Pero hoy he vuelto a oír la risa de mis musas. Ha venido de visita. Las he visto llorar de nuevo, lo mismo que ellas me han visto. He luchado en el bando del sol en la batalla siempre perdida  por que no salga la luna. Le he pedido al reloj que mintiera al darme la hora intentando escapar de mi encuentro con Mario. He juntado a cinco chicas en un coche en el que se oía (además de algo parecido a un piropo lejano) “fiesta, qué fantástica-fantástica ésta fiesta”. En definitiva y según las teorías de Raquel Sánchez Silva, ¡he tenido unas Lolis!

He recorrido una ciudad que me tenía aprendida al dedillo y me he perdido entre chistes e ironías que casi llevaba escritas en la palma de mi mano. Mis Lolis me llenaron el depósito de gasolina y alejaron a esa puta aguja del indicador de reserva. La verdad, ya llevaba tiempo encendida la luz de alerta…

Nada mejor que una puesta al día en cotilleos y una descarga inmediata de la última versión de ligues pasajeros para cargar baterías y enchufarse las ganas de que llegue mañana. Parada en boxes y un par de cócteles refrigerados para volver a repasar aquel capítulo pasado, aunque no olvidado. Otra vez la misma historia, narrada ahora de otra forma. Entre batallita y batallita repartimos un poco de caña a los que no están presentes y damos por saco a los que nunca lo han estado. El mismo cuento con distinto ejemplo; Pepe y Pepa, Pili y Mili.

Y aunque entre gritos desesperados por captar la atención para conseguir el monopolio de la conversación parezca que me vaya a estallar la cabeza, siempre existe alguna “Loli” que evita que salten chispas entre dos cables pelados. Ella es un material no conductor de electricidad con carga negativa y acostumbra a tener la función de cortafuegos. El problema está cuando se encuentra con otra carga del mismo calibre, ya que todos nos tenemos bien aprendido eso de “menos por menos, más”.

Y por si acaso se acaba el mundo y aún sabiendo que es peligroso decir siempre la verdad…Diré que las “Lolis” estáis en el top five de la vida y que, pese a la jauría de perras que simula, para mi las Lolis son mejor que un Nolotil!

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